Como saben todos ustedes, Corea del Norte es un país donde gobierna un sátrapa comunista que mantiene a aquellos sobre los que dicta sus caprichos en la más absoluta pobreza, mientras anda “jugando” con las bombas atómicas o provocando a la Corea democrática.

Ese sátrapa tiene el nombre de Kim Jong-il, sucedió en el poder a su padre Kim Il-Sung y según se cuenta en diferentes medios, tiene previsto pasar el poder a su hijo Kim Jong-un, pues aún siendo un dictador, resulta ser mortal y no puede evitar que alguna que otra embolia fastidie su salud.

Kim Jong-il, el jefe de los cerdos en la imaginaria granja de Orwell y en la real de Corea del Norte, tiene la costumbre de regar su cuerpo con lujos como el buen vino, el caviar, la langosta, coñac y como ocurrió con su padre, sus subditos le veneran como su fuera un Dios pues su persona inunda Corea del Norte en forma de monumentos, retratos e incluso pins. En su cumpleaños, llamado el “Día del Sol”, se reparte doble ración de comida. No faltaba más.

Pero no caigamos en el error. El hijo de Kim Jong-il no sucederá en la jefatura del Estado a su padre, pues su abuelo, Kim Il-sung es el “presidente eterno”. Vamos que los Kim han conseguido la cuadratura perfecta: régimen comunista gobernado por faraones. Sólo faltan las pirámides…

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