zelayaamigos320Ayer, aquel que fue puesto en pijama en Costa Rica por el Ejército de Honduras, el cual obedecía instrucciones del Congreso de Honduras, puso su patita dos pasos dentro de los límites de nación que mal presidía hace poco y la saco corriendo después de que las cámaras de televisión, incluida TeleChavez, las cámaras de fotos y los periodistas allí destacados inmortalizaran el momento.

Como el que suscribe no vive en Honduras les dejo con la opinión de un español que actualmente vive en dicha tierra que he encontrado en El Mundo y que ustedes no verán nunca reflejada en ninguna televisión española más preocupadas de emitir opiniones que puedan ser consideradas políticamente correctas o en los tortazos que le pudo dar un tal Pipi a un tal Jimmy

Soy español viviendo en Honduras, de izquierdas, tolerante, y de los que se leen 5 diarios o 6 antes de emitir una opinión. Que “Democracia” y Zelaya vayan en la misma frase me hace casi llorar de la risa. Para uds. miles de personas pidiendo pacíficamente que el vende-patrias les deje en paz, son unos golpistas al seguir los dictados del poder judicial y del congreso de su país. Pero los revolucionarios extranjeros a sueldo, con la cara tapada, provocando a la policía, agrediendo al pueblo, atentando contra las instituciones y “armando bulla”… son los representantes de un Gobierno Legítimo y Democrático. ¿Hay algún extranjero que se haya preguntado el porqué de esta situación, y lo que sucedió antes del 28 de junio y que nos ha llevado a este punto? En Honduras todos los saben, y el pueblo es muy sabio, y ni quiere guerra ni sufre lo más mínimo desde que echaron a ese títere chavista. Abran los ojos antes de insultar la inteligencia de un país, o cállense desde su desconocimiento.

Más opiniones:

Zelaya pisa Honduras y se retira unos pasos a su jeep en el lado de Nicaragua

Interesante artículo de Aleaga Pesant en Cubanet sobre los acontecimientos de Honduras:

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Lo “políticamente correcto” vuelve a sacar su “mano peluda” en las relaciones internacionales. El pasado domingo, los poderes del Estado en la República de Honduras, apoyándose en el ejército y la policía, salieron a garantizar el Estado democrático y expulsaron al Presidente electo. La reacción internacional fue sorpresiva.

El más claro ejemplo del caso es el Secretario General de la OEA, Miguel Insulza, que por una parte está interesado en que Cuba entre en la organización, y ante la presión del chavismo condenó la acción de defensa democrática, expuso la posible suspensión de Tegucigalpa de la estructura interamericana, pidió el aislamiento internacional y la restitución de Zelaya.  Así lo hicieron también los amigos del gobierno cubano en Europa y Latinoamérica.

A Manuel Zelaya lo sacaron del país los militares, tras la intención de imponer su opinión y violar las reglas democráticas. Su política se encaminó a violentar la democracia desde el interior, como hacen los presidentes de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Si Zelaya cumplía sus objetivos de perpetuarse en el poder, el chavismo hubiera tenido otra carta para presionar y llevar a una parte del hemisferio a la autocracia.

La solución del conflicto está en la forma en que los poderes del Estado enfrenten la situación. Preocupan los móviles que desarrolla el chavismo, que movilizó a sus fuerzas armadas y las del grupo de países miembros del ALBA, bajo el rótulo militarista de Alianza Bolivariana.

Los que miran a otro lado ante las violaciones de los derechos humanos y los presos políticos en Cuba, y la dictadura teocrática iraní, se espantan ante las equilibradas medidas de seguridad asumidas por la clase política hondureña. La campaña de comunicación pagada por los petrodólares venezolanos cumple su cometido, y la búsqueda de la ingobernabilidad estimulada por el eje Caracas-La Habana-Managua, obligan a los organismos internacionales a asumir posturas injerencistas.

En la isla, donde funciona una férrea censura de prensa, los medios de comunicación desarrollan una campaña de saturación a favor de la injerencia en el país centroamericano, con una lectura donde se omiten los matices.

La tragedia moral de expresar lo “políticamente correcto”, tocó las puertas de algunas fuerzas prodemocráticas cubanas, bombardeadas por la información del gobierno. Estas se apresuraron a calificar como golpe de Estado lo sucedido.  Ante los micrófonos de Radio Martí, Manuel Cuesta, del Arco Progresista, Miriam Leyva, Oscar Espinosa y el Movimiento Cristiano Liberación, repitieron la idea gubernamental del golpe de Estado.

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